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En esta Casa de Nazareth, venerada
en Loreto:
“el Espíritu Santo llevó a
María el maravilloso anuncio de la Encarnación, de
la salvación iniciada, del proyecto misericordioso de Dios:
desde aquí se expande en el mundo entero el mismo anuncio
ahora repetido a nosotros, por nuestra vida, por nuestro ejemplo,
por el coraje de una adhesión total a la Palabra de Dios.
“En la Casa de Nazareth Dios se ha hecho
hombre anulando la infinita distancia entre la creatura y el Creador,
y el hombre ha comenzado a conocer su destino superior de Hijo de
Dios. El Misterio de la Encarnación nos conduce a redescubrir
el verdadero valor de las cosas, de la vida humana, de la vida relacional,
de las situaciones cotidianas y juntamente nos revela la continua
presencia de Dios, que garantiza al hombre la posibilidad de elevarse
a su dignidad.
En la casa de Nazareth, junto a otras casas, vive
el Hijo de Dios, con María, la madre virgen, y con José
su esposo, pero ninguno se da cuenta. Y sin embargo de esta manera
Dios está salvando al género humano y Jesús
así santifica la monotonía de las casas habituales
que construyen el tejido de nuestra vida. En la cotidianidad está
el germen de la santidad. Nuestra vocación cristiana es vocación
a la santidad en la vida llamada normal.
Aquí aprendemos el valor y la necesidad del silencio, de
la contemplación, de la oración. Usando palabras de
Paulo VI, “en esta escuela comprenderemos la necesidad de
tener una disciplina espiritual, si se quiere llegar a ser alumnos
del Evangelio y discípulos de Cristo. Oh, cuánto querríamos
volver a ser niños y tornar a esta humilde escuela de Nazareth,
como querríamos repetir cerca de María, nuestra introducción
a la ciencia verdadera de la vida y a la sabiduría superior
de las verdades divinas””
(Loreto 14/05/89 - Arzobispo Pascual Machi - Guía Espiritual.).
Luego de unos momentos de silencio, podemos rezar
el Ángelus meditando el misterio de la Anunciación
y de la Encarnación.
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