Según una fundada tradición, María nació en su casa de Nazareth. Los Papas, desde Julio II (1507), han considerado a la Santa Casa de Loreto el lugar “donde la bienaventurada Virgen fue concebida, criada y saludada por el ángel”.

Dentro de estas humildes paredes se cumple la divina promesa hecha por Dios al hombre inmediatamente después del pecado original: “Yo pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te aplastará la cabeza y tú pondrás insidia a su calcañar” (Gen 3,15).

La mujer que vence al maligno con su hijo es María. La Virgen, concebida sin pecado en previsión de su maternidad divina, es modelo y fuente de fuerza espiritual para cada cristiano que lucha diariamente contra el pecado por el triunfo de la gracia divina.

El papa, en la peregrinación a Lourdes del 15 de agosto de 1983 ha hablado del bimilenario del nacimiento de María, invitando a los cristianos a insertarse en un clima de prolongado adviento en camino con María y hacia el jubileo del año dos mil. Este tema, en la Santa Casa se hace fuente de inagotable meditación.


Oración a la Inmaculada

Oh María, Virgen Inmaculada, nosotros nos transportamos
a tu Santa Casa, donde tu fuiste concebida sin pecado y
donde naciste trayendo el gozo al mundo.
Nosotros te contemplamos niña entre esos sagrados muros mientras,
confiada a tus padres Joaquín y Ana, crecías besada por el Amor de Dios.
Al concluir el segundo milenio de la era cristiana, nosotros, tus hijos,
te contemplamos a ti como aurora de salvación
que has llevado la mundo la brillante luz de Cristo.
Unidos a ti y a la Iglesia, inspirados por los hechos que se cumplieron en tu Santa Casa,
Nosotros deseamos volver a recorrer durante nuestro peregrinar,
tu camino de gracia: contigo nacer, contigo crecer,
contigo repetir nuestro “sí” de total consagración a Jesús
contigo recibir a tu Hijo divino en el alba del tercer milenio cristiano,
para que la humanidad sea renovada por el Espíritu Santo
de quien tú has tenido la plenitud en todo momento de tu vida.
Virgen Santísima, dispone el alma de todos los creyentes para vivir
este tercer milenio de la venida de Cristo que se inicia
con el espíritu de un Gran Adviento.
sea un adviento rico de gracia y de particulares dones
del Espíritu Santo, sea adviento vivido con tu Corazón Inmaculado,
sea adviento cristiano. Amén.